Un círculo blanco, casi transparente, y ahí está el centro del mundo. Fundo el universo y construyo con mis propios frutos, igual que el eterno ciclo de la semilla. Pasado y presente son el espejo del reflejo. Si miro bien, incluso puedo ver vestigios de explosiones pasadas en el fondo de mis pupilas. Si miro bien, en el resquicio; el tiempo.

Trabajo para comprender. Los estratos y los fragmentos a menudo son pistas que guían en el camino.

Proyecto mis trabajos a través de la exploración del universo ontológico, de la palabra y de territorios volátiles. No-lugares habitables, llenos de voces, sin ningún ruido.

Intuyo que en los lugares imposibles de habitar es donde realmente habitamos.